No hay nominaciones ingenuas.
Se las reconozca conscientemente o no, en cada nominación se juega un acto performativo que enhebra la tradición de la que nos sentimos herederos y la novedad que es simiente de un ( no pocas veces sorpresivo) devenir.
Cifra una expectativa de realización de fantasías que dan cuenta de la tensión deseante que nos representa y buscarán actualizarse en lo, por nosotros, nominado.
De ahí que “Las patas en el barro” funcione para nosotros al modo de un plano trazado a mano alzada, la escritura de algunos puntos de referencia ( siempre imprecisos y a punto de desvanecerse) con los que intentamos orientarnos frente a lo caótico de nuestras prácticas.
Nos ubica en un “ desde dónde” y perfila nuestro “ con quiénes”, nuestro “ cómo” y “para qué”.
Si, como decía Deleuze, el “acontecimiento “es la condición bajo la cual el pensamiento piensa, nosotros elegimos pensar en y desde el barro.
El barro es la expresión de lo caótico que requiere ser pensado. Es nuestro “acontecimiento” . El barro de las zanjas que, en los bordes de la pobreza y el abandono, deviene a veces trinchera y siempre frontera infranqueable.
El barro de la burocracia volviendo pastoso lo que debería fluir.
El barro del cinismo adulto enlodando los espíritus adolescentes.
Y, fundamentalmente, el barro de nuestros prejuicios infiltrando nuestra mirada y volviéndonos permeables a los Poderes que impotentizan.
El barro como materia móvil, capaz de múltiples devenires que tanto pueden aprisionarnos en moldes des-almados, como volverse esa pieza exquisita de alfarería en que suelen convertirse los encuentros interhumanos.
El barro de lo imprevisto y lo inconveniente. El barro de lo desprolijo y lo desangelado.
Y le vamos perdiendo el miedo a “meter la pata”, a la impertinencia, a los aprendizajes que repugnan a la Academia.
Y vamos disfrutando cada vez más de la amistad como condición y fundamento de nuestro pensar y nuestro hacer. La amistad como gesto ético y político. Resguardo ante el caos que destruye pero resguardo que no se priva de molestar, de acicatear. Resguardo que no apaña, simplemente ofrece un descanso “ en una cama incómoda” de la que se sale para seguir buscando.
Es a este encuentro amistoso al que los convocamos desde este espacio
